Señor, yo amo la hermosura de tu Iglesia:
el esplendor de los santos,
la audacia de los fundadores,
el valor de los perseguidos,
el ardor de los neo-conversos,
el celo del clero,
la abnegación de los militantes,
el fervor comunicativo de los misioneros.
Si, Señor, yo amo a tu Iglesia que me da cada dÃa nuevas razones para alabarte más.
Y por esto sufro de verla tan a menudo desfigurada – desfigurada por aquellos mismos que deberÃan embellecer el rostro de su madre.
Y por eso hoy te pido:
Por la masa de aquellos que se nombran cristianos, pero que no buscan sino llevar una vida exenta de cuidados, o cuya única preocupación es conquistar para sà mismos ventajas materiales; por aquellos cristianos apegados a la Iglesia como a una potencia temporal, y que confunden frecuentemente la auténtica Tradición con sus preferencias polÃticas,
por todos aquellos que queriendo implantar más lejos a la Iglesia, no han logrado guardarse del contagio materialista,
por todos aquellos hombres de Iglesia prudentes a sus propios ojos y en realidad pusilánimes, que creen guardar la pureza de la fé porque viven al margen de los problemas del mundo.
Señor, ilumina a los unos y a los otros.
EnvÃa tu EspÃritu que renueve la faz de la tierra; convierte a los hombres y construye tu Iglesia.
Señor, yo amo la hermosura de tu Iglesia, pero vuélvela más hermosa aún.
Que aparezca a los ojos del mundo en la perfección de su pureza espiritual.
Que en toda la tierra sus Ministros se guarden de la esclerosis,
que lleven hasta el fin del mundo tu mensaje y den sin desfallecer jamás el testimonio de tu amor.
Señor, nosotros somos de tu Iglesia, purifÃcanos de nuestros pecados para que tu Iglesia sea más pura; acrecienta en nosotros la caridad para que la Iglesia presente cada vez más el testimonio de tu amor.
Aumenta nuestro celo por el Evangelio, a fin de que la Iglesia sea más radiante.
Introdúcenos en lo más profundo de tu Iglesia, para que llevando los fardos los unos de los otros, terminemos en nosotros lo que te falta de sufrimientos para que se cumpla tu misión. Amén.
Escritor: Th.Suavet, O.P.