La mentira se descubre si se examina detenidamente y eso lo sabe el mentiroso, por eso evitará a toda costa dedicar más de un minuto a la explicación de los hechos, cambiará de tema, se ofenderá y tratará de retirarse. No lo dejes ir
Esta frase que encontré en Internet refleja muy bien hoy dÃa, una realidad dada en todos campos no sólo el religioso. Y es que estamos expuestos a la calumnia, a la desinformación y la negación; muchas veces sin más argumento que el subjetivo: no me gusta, no creo, no me parece, prefiero pensar que…siendo que estos no son realmente argumentos que puedan corresponder a un análisis serio o por lo menos teniendo en cuenta los criterios del método cientÃfico
Refiriéndonos al ámbito religioso, hoy dÃa hay una oferta abundantÃsima de credos, doctrinas y creencias, para todos se podrÃa decir, y que para poder sobrevivir en audiencia se han tenido que valer de argucias, ofrecimientos mágicos y denigración de los rivales. Por ejemplo, José Luis de Jesús Miranda se hace llamar Jesús Hombre y dice que es Cristo que vino por segunda vez, hace que sus fieles se tatúen con el 666
Otro caso es el de Moon, fundador de la Iglesia de la Unificación, quien en 2004 se proclamó como el MesÃas en un congreso en Estados Unidos
Incluso la misma ciencia tiene sus exponentes en este sentido, y vemos hoy dÃa como un personaje como Richard Dawkins ataca la existencia de Dios mismo con frases como esta:
Nosotros explicamos nuestra existencia combinando el principio antrópico y el principio de selección natural de Darwin. Esta combinación proporciona una explicación completa y profundamente satisfactoria de todo lo que vemos y sabemos. La hipótesis divina no sólo es innecesaria. No es en absoluto parsimoniosa. No solamente no necesitamos a Dios para explicar el universo y la vida. Dios aparece en el universo como algo flagrantemente superfluo. Por supuesto, no podemos demostrar la inexistencia de Dios, como tampoco podemos demostrar la inexistencia de Thor, las hadas, los duendes y el Monstruo Espagueti Volador.
Todo este tipo de situaciones con las que se enfrenta el católico hace necesario que esté preparado para dar respuestas convincentes de su fe, sabiéndola defender, de manera que no parezca un fanático irracional sino una persona consciente que sigue la Verdad, y que esta verdad es un regalo para todo aquel que la busque con sinceridad.
La labor de defender la fe es una obligación de todos pero requiere un arduo trabajo, donde siempre estaremos conscientes que la gracia de Dios es el principal elemento cuando se ejecuta esta tarea, pues sin la gracia de Dios nada podremos hacer, y esa gracia viene de Cristo:
“Yo soy la vid, ustedes los sarmientos.
El que permanece en mÃ, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mÃ, nada pueden hacerâ€. (Jn 15, 5)
Pero asà mismo, para poder corresponder a la gracia de Dios, es necesario que el católico se forme y se prepare, estudie su doctrina y sobre todo la haga vida y no letra muerta.
Puede que nos digamos a nosotros mismos: yo no nacà para esto o no soy capaz, no tengo el talento, la paciencia o el tiempo; pero si nos mueve el deseo ardiente de defender el Evangelio de Cristo, lo haremos.
En la antigüedad existió un personaje llamado Demóstenes, quien es reconocido como el mejor orador de la época. Demóstenes fue una persona que desde pequeña tuvo problemas con el habla y enfrentó la burla, pero con dedicación y esfuerzo logró vencer esa dificultad y convertirse en el mejor orador.
En la misma Escritura podemos citar el ejemplo de Gedeón quien al ser llamado por Dios, le colocó trabas al llamado:
El Señor se volvió hacia él y le dijo: "Ve, y con tu fuerza salvarás a Israel del poder de los madianitas. Soy yo el que te envÃo". Gedeón le respondió: "Perdón, Señor, pero ¿cómo voy a salvar yo a Israel, si mi clan es el más humilde de Manasés y yo soy el más joven en la casa de mi padre?".
"Yo estaré contigo, le dijo el Señor, y tú derrotarás a Madián como si fuera un solo hombre". (Jue 6, 14-16).
Por esa misma respuesta al llamado de Dios para defender la fe surge la Apologética, como la forma en que de manera racional podemos exponer las razones de nuestra fe ante los no creyentes y dar respuestas concretas a los católicos que la requieran para afianzar su fe.